Migrar ha cambiado demasiado en los últimos 10 años, ni qué decir en los últimos 20. Lo que antes se asociaba únicamente a la búsqueda de oportunidades, ahora tiene connotaciones sociales de estatus y casi de obligatoriedad para demostrar cuánto conoces, sin olvidarnos de la aprobación y presión social que recibimos por “tener” que viajar. Y aunque el sueño americano se ha transmutado al sueño europeo, al idilio de vivir en Dubái y a los grandes salarios y paisajes de Canadá; la decisión de migrar, ya sea por trabajo o por placer, no deja de ser un camino que se recorre, en su mayoría, solo e improvisando.
Aquí les comparto algunos consejos que, como padres, pueden poner en práctica con sus hijos para que la experiencia de migrar sea menos traumática y llevadera.
Cuando yo migré a Malta, recuerdo haber salido con tanta prisa de Colombia como huyendo de algo (y la verdad es que sí). Y en esa huida, yo solo quería un espacio para estar sola y en tierras lejanas donde nadie me conociera, para hacer y ser todo lo que yo quisiera. PADRES, les garantizo que más de uno de los jóvenes que están a punto de migrar, está pensando como pensé yo.
Y es que, si tal vez su hijo o hija está a punto de experimentar las mieles de la independencia por primera vez, no se sorprenda de que una de las cosas que más quiera experimentar sea el anonimato, porque no hay nada más liberador que poder ser quien quieras ser sin tener mil ojos encima.
En ese orden de ideas, valide y, por favor, normalice si a su hijo lo ve indiferente con el duelo de la partida que usted, como padre, debe estar atravesando. En cambio, haga el ejercicio mental de regresarse usted mismo a la edad que ellos tienen y visualice la misma experiencia; le ayudará a tener un poco de empatía instantánea. Y, además de eso, siga los siguientes pasos:
1. Abra la relación ahora, antes de que se vaya
Si todavía la relación padre-hijo no está lo suficientemente abierta (y con abierta me refiero a libre) para conversar temas controversiales y debatibles, HÁGALO AHORA. Empatice con esa versión joven que usted fue y dé apertura para hablar de: drogas en las fiestas, marihuana para ver películas, sexo sin protección, dinero, la norma y la “matrix”, y cómo coexistir en ella, etc.
A lo que sea que usted le tenga miedo o esté en desacuerdo, créame que su hijo o ya lo conoce, o está a punto de hacerlo. No se puede controlar el exterior para tratar de protegerlos, pero sí se puede ser un gran guía que no JUZGUE, pero que dé direccionales.
Mi padre es un hombre muy culto, director de un colegio y muy aferrado a la norma. Nunca sentí (y todavía no sucede) que podía contarle la mitad de las experiencias que me sucedían en el exterior, porque sabía que habría regaño, castigo y juicio. Abran esa ventana de poder hablar sobre lo que SEA, para que ellos tengan esa confianza de contar lo que les sucede, y ríanse de ello, no los regañen. Hagan el rol del amigo, porque a los amigos es a quienes les contamos todo… pero ya sabemos que no todos los amigos son buenos amigos.
2. Nada de expectativas ni presión de éxito
Las oportunidades no aparecen en otro país por el simple hecho de migrar. Nada de expectativas del “sueño americano”, migrar para trabajar, hacer más dinero y enviar a casa.
Otro de los errores que cometieron mis familiares, y que les ruego no repetir, es generar esa presión innecesaria y constante del: “¿Ya consiguió trabajo?”, “¿Cuánto tiene ahorrado?”, “¿Cuánto gana?”, “¡Ahorre!”, “¡Mande dinero!”, etc.
El camino del inmigrante no es fácil. Por el contexto que sea, el inmigrante está siempre en alguna desventaja, y esa presión de tener que “ser alguien” por el hecho de migrar produce, nada más, que ansiedad.
Recuerdo, en tiempos post-COVID, cuando la economía estaba muy golpeada por la pandemia, haber rebuscado cualquier trabajo que estuviera disponible para acallar esas voces que me preguntaban constantemente cómo estaba y cuánto tenía.
En muchos de esos trabajos fui explotada, burlada y hasta abusada físicamente, pero me había convencido tanto de que el objetivo era hacer plata a cualquier costo que dejé pasar todo eso. Y, por supuesto, colapsé.
Si su hij@ está migrando en busca de oportunidades, refuércele sus sueños y habilidades para que busque su desarrollo de vida solo en lo que lo hace feliz. Dele ideas de negocio o emprendimiento, enfatice que no todo en la vida es dinero y, sobre todo, recuérdele que el fallo hace parte del proceso, que volver a su país de origen no lo hace menos, y que el mero hecho de intentarlo ya lo hace un ganador.
Asegúrese de que sepa que no tiene más responsabilidades que aprender y tomar las oportunidades.
3. Celebre siempre la valentía de haber partido
Una de las cosas que más callamos quienes migramos son esas batallas personales de haber hecho lo correcto o no al migrar. Celebrar la valentía de haber salido de la zona de confort siempre será necesario escucharlo… y nunca será suficiente.
4. Devolverse siempre es una opción, y eso no lo hace un perdedor
¡Padres, por favor! Aunque parezca muy obvio, DÍGANLO. El coraje, muchas veces, es una construcción colectiva. Y sentir que regresar a nuestro país de origen es decirle al mundo que fracasamos en el exterior, siempre será una sombra.
Migrar, como ya lo mencionamos anteriormente, viene también con una carga de expectativas sociales muy altas.
Por eso, entender que regresar también hace parte del proceso ( en caso de ser esa la decisión que ellos quieran tomar ) siempre será una buena idea.
Mejor la batalla de la vida en unión, que una batalla en solitario y lejos.